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D’Angelo, hijo de David Ortiz persigue su sueño en el béisbol

FLORIDA, EE.UU.- Ya con 16 años y a poco más de un año de graduarse de la preparatoria, D’Angelo Ortiz se la pasa en el tipo de parque en el que ha estado desde que empezó a caminar.

Toda su vida, desde que tiene memoria, ha soñado con una cosa: Ser pelotero.

“Beisbolista”, confirmó D’Angelo. “Tengo que seguir trabajando, pero es eso, pelotero. Eso es todo”.

Es algo que significa todo para él.

Millones y millones de niños han tenido el mismo sueño, pero la historia de D’Angelo es un poco diferente.

Su padre, David, es una leyenda viviente que es considerado un ícono en Boston y la República Dominicana, un hombre adorado incluso por los seguidores más casuales del béisbol.

Esa amplia y larga sombra que proyecta Big Papi es una a la que D’Angelo -que mide ya 6 pies y pesa casi 200 libras- no le tiene miedo. De hecho, la acepta con los brazos abiertos.

Quizás porque siempre ha estado caminando y corriendo feliz bajo esa sombra la mayor parte de su vida.

“Poder tenerlo como un recurso es increíble”, dijo D’Angelo. “Nunca voy a usar eso como una excusa. A mi me encanta la presión, esas mariposas en el estómago y me encanta que la gente no espera que yo vaya a seguir sus pasos y luego poder meterme yo por ese mismo camino. Es algo que me encanta”.

D’Angelo estudia en Westminster Christian School en el sur de la Florida. La escuela tiene un reconocido equipo de béisbol del que han salido cinco jugadores de la Gran Carpa (Alex Rodríguez, Doug Mientkiewicz, J.P. Arencibia, Dan Perkins y Mickey López), y ahora D’Angelo quiere ser el sexto.

De hecho, la rica tradición beisbolera de su escuela lo motiva, en vez de atemorizarlo. Antes de entrar al dugout del equipo de casa, es imposible no notar el cartel con el logo de MLB en el que están escritos los nombres de los cinco ligamayoristas que han salido de Westminster.

“Yo quiero ser el mejor de esa lista. Eso es lo que he pensado desde el primer día que llegué aquí, y no lo digo sólo por hablar”, aseguró D’Angelo. “Es un reto todos los días que tu ves esa pared, te hace trabajar más duro. Saber que esta es una escuela en la que, si uno hace lo que necesita, puedes llegar a algún lado, eso es bien motivante para uno”.

Si pasas dos minutos cerca de D’Angelo, te queda claro lo motivado que está. Si lo ves jugar una tarde, te queda claro todo lo que disfruta del juego y de sus compañeros. La sonrisa que siempre muestra mientras lleva su uniforme es tan enorme como contagiosa.

En un reciente juego en casa, D’Angelo, jugando en la primera base, recibió la bola para el segundo out de un dobleplay que puso fin al inning. Sonrió de oreja a oreja mientras regresaba al dugout, como si su equipo acabara de asegurar el pase a la postemporada o él hubiese dado un jonrón de oro.

Claramente, ese tipo de entusiasmo le viene en la sangre.

“Siempre”, dijo D’Angelo. “Yo siento que pararme en un terreno de pelota es una bendición. Hay niños en el hospital ahora mismo. Niños pasando por muchas cosas. Poder jugar béisbol — ganes, pierdas, te vayas de 4-0 o de 4-0 — el sólo hecho de estar en el terreno, es algo increíble”.

Se acerca el draft

Finalmente, la meta de D’Angelo está empezando a entrar en foco. Si las cosas salen como él espera, el estudiante de preparatoria será seleccionado por uno de los 30 equipos de las Grandes Ligas en el draft del 2022. Sabe que pueden pasar muchas cosas en estos meses, pero el sólo pensar en ser empleado por una organización de MLB es algo que lo consume.

Pero D’Angelino no quiere sólo la gloria del béisbol. Quiera la experiencia completa, incluyendo los altos y los bajos.

“Esa es mi única meta”, dijo D’Angelo sobre la idea de ser tomado en el draft del 2022. “Básicamente, es algo que cada mañana cuando me levanto, lo hago pensando en ese día en el que llegue al béisbol profesional”.

“Lo que la gente no entiende, también, es que el día en el que uno entra al profesional, es sólo el comienzo. No significa que hiciste nada. Es el comienzo, y ahí es donde la gente verá si realmente estás hecho para este deporte. Así que este es apenas el comienzo, y me falta muchísimo. Pero voy con todo por eso y quiero vivir cada parte de ese camino”.

Mientras tanto, su padre seguirá apoyándolo, enseñándole y dándole consejos sin atosigarlo.

“¿Qué más puedo pedir? No quiero que esté todo el tiempo encima de mí”, dijo D’Angelo. “A mí me gusta sonreír en el terreno. Eso es todo. Esa es la única forma de jugar béisbol”.

Su madre, Tiffany, la esposa de David por más de dos décadas, seguirá apoyando el sueño de D’Angelino, y a la vez asegurándose de que no pierda el paso en los otros aspectos de su vida.

“Hoy logré que lavara los platos”, dijo Tiffany entre risas, antes de adoptar un tono más serio. “Es bien emocionante, estoy muy impresionada con D. Está trabajando muy duro ahora mismo”.

Aunque a David le gusta el poderoso swing de D’Angelo, su habilidad para batear para todos lados y su disciplinado plan de ataque en el home, siente que la ética de trabajo de su hijo podría terminar siendo lo que marque la diferencia.

“D se está tomando esto bien en serio. Ahora mismo te lo estoy diciendo. Él quiere eso”, dijo Big Papi. “Yo no le estoy poniendo presión. Lo que quiero que haga es que se eduque. No es como si lo estoy poniendo contra las cuerdas. Lo que Tiffany y yo queremos es que siga con su educación, saque buenas calificaciones y nosotros lo vamos a apoyar con esto del béisbol. Él no necesita que le empujen. Eso es lo que estoy tratando de decirte. Él se empuja solo”.

David Ortiz sabe que son muchas las cosas que entran en juego a la hora de ser jugador profesional, y no tiene ganas de ponerse a pensar en qué lugar del draft lo van a tomar dentro de un año, o si quizás le iría mejor jugando primero en la universidad. El cuerpo y las habilidades de D’Angelo todavía se están desarrollando. Toda la familia quiere ver cómo se van dando las cosas durante este próximo año.

“Vamos a ver cómo va creciendo como jugador, y luego iremos viendo. Yo quiero que esté listo (cuando firme al profesional)”, dijo David. “¿Sabes qué? Para ser honesto contigo, si sigue trabajando como lo está haciendo, te digo algo, cuando yo tenía su edad, cuando se trata de reconocer esas cosas, él es mucho más maduro que yo. Todo depende de cómo va avanzando. Yo voy a saber. Yo voy a saber”.

Cuando esas palabras de David son escuchas por D’Angelo, la mirada se le ilumina.

“Él va a saber, y yo voy a estar listo”, prometió D’Angelo. “Él sólo tiene que seguir dándome esos consejos y ver los juegos, y vamos a estar bien. Yo voy a trabajar”.

A diferencia de su padre, D’Angelo batea y lanza a la derecha. Y en vez de llevar el 34 en la espalda, actualmente viste el número 12 en su camiseta.

A pesar de ser el hijo de quien es quizás el más grande bateador designado en la historia del béisbol, D’Angelo no tiene planes de hacer carrera como BD. Jugador del cuadro interior, D’Angelo espera convertirse en tercera base. Hasta recibe consejos de Mike Lowell, el ex compañero de equipo con el que su padre ganó la Serie Mundial del 2007, quien vive cerca.

De hecho, Lowell algunas veces ofrece palabras de motivación al equipo de D’Angelo, aunque David le echó broma a su amigo diciendo que quizás los discursos van a tener que parar porque el equipo perdió recientemente después de uno de ellos.

Inspirado por otras combinaciones padre-hijo

Cuando Ken Griffey Jr. irrumpió en escena y se convirtió en el rostro del béisbol para mediados de los 90, parecía una novedad que el hijo de un jugador siguiese con tanta naturalidad los pasos de su padre.

Recientemente, sin embargo, se ha convertido en algo más común. El dominicano Fernando Tatis Jr., de apenas 22 años, acaba de firmar una extensión de contrato por 14 temporadas y US$340 millones con San Diego. Para poner las cosas en perspectiva, David Ortiz ganó alrededor de US$160 millones durante su carrera de 16 años que terminó en el 2016.

En Toronto, están esperando grandes cosas de dos hijos de miembros del Salón de la Fama: Cavan Biggio y el dominicano Vladimir Guerrero Jr.

Uno tendría que pensar que es enormemente beneficioso para D’Angelo ver a otros muchachos teniendo éxito en la misma rama de trabajo que sus padres.

“Un cien por ciento”, dijo D’Angelo. “Cuando veo a Vladi y Tatis, lo que yo pienso es, ‘Wow, son increíbles. Pero yo quiero ser mejor’. Veo sus contratos, veo esos US$340 millones, y dijo, ‘Yo soy el siguiente’. Así es básicamente como pienso yo. Y no lo digo porque es algo que necesito decir. Lo digo porque estoy dedicándole el 100% de todo el tiempo que puedo al béisbol”.

“Y yo sé que eso es lo que hicieron ellos, y sé que hay días malos, días buenos, pero también sé que el trabajo paga. Así que voy a estar en esa misma posición. Es sólo mantenerme sano y cuidarme. Eso es todo”.

Por cierto, David y Vladimir padre, no han podido ser mejores amigos si fuesen hermanos. Así ha sido por décadas entre los dos dominicanos.

“¿Quieres que sea honesto contigo? Vladi me pidió que hablara con su hijo”, dijo David Ortiz antes de soltar una gran risa. “Me dice, ‘Mira, habla tú con él, porque te escucha más a ti que a mí’. La realidad, es que estoy seguro que Vladi ha trabajado mucho con Vladito, como Fernando Tatis padre, que también lo conozco de hace años”.

“El mismo consejo que le di yo a D, lo hicieron ellos con sus hijos. Pero al final del día, la realidad es que te escuchan a ti. Pero cuando es alguien más que no es de la familia y habla con ellos, a veces funciona mejor”.

D’Angelo admite que algunas veces es Lowell quien sabe exactamente qué decirle, y también reconoce lo mucho que lo han ayudado sus coaches en Westminster.

Aunque D’Angelo dice que a veces le gusta tomarse un corto descanso de escuchar a David – como cualquier hijo con sus padres – siempre termina regresando al mismo sitio.

“En mi caso, tengo la suerte de que D siempre quiere que hable con él de pelota y que le diga cosas”, dijo David.

¡Bienvenido (otra vez) a Miami!

Para el año escolar 2019-2020, D’Angelo se mudó a Bradenton, en la costa oeste de Florida, para asistir al internado IMG Academy, especializado en preparar a quienes esperan ser futuros atletas profesionales. David notó que D’Angelo no estaba completamente a gusto. Por otro lado, Tiffany aprecia cómo su hijo aprendió a asumir más responsabilidades viviendo solo.

D’Angelo dice que IMG “no estuvo mal”.

Todos están de acuerdo en que estar juntos nuevamente en Miami — y la transferencia de D’Angelo a Westminster Christian — es lo mejor para todos.

Ahora, David Ortiz se puede montar en su carro, manejar cinco minutos y llegar a tiempo para ver los juegos de D’Angelo, que generalmente empiezan a las 3:30 p.m.

Durante un juego reciente, David llegó tranquilo al estadio y se sentó en el primer banco de metal que encontró. No hubo alboroto cuando entró. Era otro padre más viendo a su hijo jugando. Si eso hubiese sido en una escuela de Boston, se habría desatado la locura.

David vio su juego tranquilo. Pero luego del primer turno de D’Angelo, miró hacia donde estaba su padre y se quejó porque el pitcher lo estaba trabajando con puros pitcheos lentos.

“Por eso es que tienes que quedarte atrás”, le recordó David.

Aquel Día, D’Angelo tomó un boleto en su primer turno, falló con una línea al centro en el segundo y bateó un rayo directo a los manos del shortstop en su último viaje al plato. En un juego que su equipo terminó ganando por 3-1, D’Angelo claramente no estaba preocupado por lo que había hecho individualmente. En vez de eso, enfocó su energía aupando e interactuando con sus compañeros.

En ese mismo juego, cuando no pudo tomar un tiro desviado para completar un doble-play, le mencionó a su padre que ha debido colocar mejor sus pies. David le recordó que mantenga los dos pies en la base antes de que llegue el tiro, para que pueda moverse hacia cualquier lado. D’Angelo asintió con la cabeza.

Hubo pasajes durante el juego en los que David alentó a otros jugadores de Westminster. “Buen swing”, le dijo a uno. “Tremendo esfuerzo”, le comentó a otro.

Debido a la pandemia, Big Papi lleva su máscara durante todo el juego. Y por primera vez desde que se retiró no podrá visitar a los Medias Rojas en el campamento primaveral.

“Este es mi Spring Training”, dijo David Orgulloso mientras veía a su hijo jugar béisbol.

Tarde, pero seguro

D’Angelo sabe que tiene que trabajar más duro que sus compañeros porque sólo ha vivido a tiempo completo en Florida desde 2017, el año después del retiro de su padre. En Florida, juegan béisbol 12 meses al año. En Boston, con los rudos inviernos y las heladas primaveras, no era nada parecido a eso. En otras palabras, D’Angelo juega y compite con muchachos que han jugado béisbol durante todo el año todas sus vidas.

“Su cuerpo ha cambiado. Esa grasa de niño que tenía antes ya desapareció”, dijo David de D’Angelo.

Mientras manejaba a un juego de Westminster hace pocos días junto a Tiffany, David habló a través del sistema de Bluetooth de su auto sobre lo importante que ha sido para D’Angelo como jugador la mudanza de la familia a Florida.

“Ayudó mucho”, dijo David Ortiz. “Ponlo de esta manera. Vamos camino a ver un juego de béisbol en febrero. Está en un ambiente donde tiene competencia. Los muchachos aquí compiten. No estoy diciendo que allá (en Boston) no compiten. Pero si practicas la mitad del año, no es lo mismo que si lo estás haciendo todo el año. Eso hace una gran diferencia”.

¿Futuro Media Roja?

Una cosa es que D’Angelo quiera volver realidad su sueño de jugar béisbol profesional.

Pero probablemente sería un poco apabullante para padre e hijo si termina en los Medias Rojas, ¿verdad?

Después de todo, quizás sólo Ted Williams ha dejado una huella más grande en Boston que David Ortiz, quien lideró al equipo para conquistar tres Series Mundiales y pasó 14 años dando hits claves.

Interesantemente, tanto padre como hijo esperan que así sea.

“Me encantaría”, dijo David. “Me encantaría, para ser honesto contigo. Eso sería un sueño hecho realidad. ¿Te imaginas eso?”.

D’Angelo trata de no pensar en eso, porque la sólo idea es demasiado apetecible.

“Me encantaría”, repitió D’Angelo. “Pienso que, creciendo en Boston, eso me motiva como nada. Yo amo Boston. Amo la ciudad. Pero no puedo escoger a dónde iré. Yo sólo pido que eventualmente alguien me escoja. Pero claro que Boston está en mi mente. Adoro esa ciudad. Yo siento lo mismo cuando entro a mi casa que cuando entro en Fenway. Me siento cómodo allí”.

Si llega a ocurrir, es posible que se lleve esa legendaria personalidad de su padre con él.

Es difícil no notar que D’Angelo Ortiz lleva a un protector de codo dorado mientras batea en juego hace pocos días.

“Estaba viendo a Verdugo (Alex) y lo tenía. Tenía uno más pequeño. Yo quiero ser el más cool en el terreno”, dijo D’Angelo. “Yo pienso que no puedes ser el más cool y no hacer algo. Pero creo que, si te ves bien, eso te va a motivar a jugar bien”.

Pero no confundan esa personalidad de D’Angelo con la de alguien arrogante.

“El béisbol es un negocio en donde tienes que contribuir”, dijo D’Angelo. “Nadie te va a dar nada. He estado aprendiendo eso en los últimos meses, que no importa quién eres en el béisbol, tienes que trabajar para ganarte tu posición, tu puesto en el lineup, lo que sea”.

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